jueves, 19 de enero de 2017

El cine, arma política en una guerra

El cine en la Guerra Civil Española fue utilizado como arma política y de propa­ganda, ya que ofrece tres elementos muy interesantes para propagar un ideal que son: la imagen, el texto verbal y la mú­sica.

Al tener una diversidad de centros de producción cinematográficos, proporcionó una gran va­riedad de puntos de vista, así como de propuestas es­tratégicas e ideológicas. Por primera vez en los conflictos bélicos del siglo XX, la cultura de la imagen jugó un papel muy importante en esta Guerra Civil.



El cine producido en España du­rante este tiempo es una fuente documental, que permite saber cuál era el entorno social e histórico en el que fue producido.
Tras el fracaso de la sublevación militar, iniciada el 17 de julio de 1936 en el Marruecos español, el pronunciamiento se transformó en Guerra Civil quedando España dividida en dos zonas irreconciliables. A par­tir de este instante aparecen dos cinematografías diferenciadas:

La realizada por el bando republicano.

La de la zona nacional.

Con el inicio del conflicto bélico la zona republicana disponía de los dos principales centros de producción cinema­tográfica de España, Barcelona y Madrid, pues en ambas ciudades la rebelión mili­tar había sido sofocada. Mientras, el bando nacional solamente contaba con los equipos cinematográficos que se habían desplazado a rodar un par de películas en Andalucía.

Esta situación tuvo sus consecuencias cinematográficas du­rante los primeros meses de guerra. Desde las primeras semanas del conflicto ar­mado, el bando republicano movilizó a toda la industria cinematográfica, que es­taba en su poder, como elemento ideo­lógico y político. En cambio, la producción de la zona nacional sólo consiguió despegar gracias a la ayuda de Alemania, Italia y Portugal.

Las características comunes de las producciones fílmicas produci­das por ambos bandos:

-Defender la legitimidad y legalidad de sus ac­ciones por el bien de España.

-La descalificación del enemigo, en las producciones republicanas se llamaba a los militares sublevados de "fascistas", "traidores sin honor"…;en las películas naciona­les se llama a los republicanos "rojos", "canallas marxistas"…

La principal diferencia cinematográfica entre las producciones republica­nas y nacionales es el nivel de censura con el trabajaban los cineastas. Ya que en la zona republicana cuando la película o documental estaba grabado se pasaba por la censura obligatorio. Mientras en la zona nacional se tenía que pedir una serie de permisos y después de grabarlo tenía que pasar por censura, esta censura no sólo era política, la oficial, sino mili­tar y religiosa. Otra diferencia entre los documen­tales de ambas zonas es que la vida cotidiana era prácticamente inexistente en las secuencias del bando nacional, donde predominan los temas militares.

España republicana 

En la España republicana la inmensa mayoría de las películas realizadas es­tuvieron producidas por las centrales sindicales, los organismos guberna­menta­les, los partidos políticos y muy pocas por la iniciativa privada. En un principio, los estudios y laboratorios de cine de Barcelona y Madrid paraliza­ron su actividad a la espera que la situación se aclarase. A medida que el con­flicto fue alargándose, Barcelona ganó importancia respecto a Madrid: por varios factores:
- La pérdida real de Madrid como capital.
- La situación geográfica de Barcelona: ya que era unan ciudad que tiene puerto y que dis­pone de vías de comunicación con la frontera francesa, esto facilitaba la expor­tación de las películas y la importación de material cinematográfico.
- Las infraestructuras cinematográficas: y que Barcelona contaba con cuatro estudios de rodaje: Orphea, Trilla-La Riva, Kinefon y Lepanto.
- la capital catalana estaba alejada del frente de guerra, mientras que Madrid sufrió desde el otoño de 1936 el asedio y bombardeos.

En un primer momento las organizaciones anarcosindicalistas mo­nopo­lizaron las producciones cinematográficas, a partir de 1937 las únicas pro­duc­toras que tuvieron una fueron las rela­ciona­das con organizaciones marxistas e instituciones gubernamentales.
La República dedicó un esfuerzo mayor, humano y económico a la propaganda cinematográfica.


La producción anarquista

Al iniciarse la confrontación civil se paralizó la producción cinematográ­fica en Barcelona. El Sindicato Único de Espectáculos Públicos (SUEP), con­trolado por la CNT-FAI, pasó a controlar todas las salas de exhibición y gran parte de la infra­estructura. Como sindicato anarquista defendió los puestos de trabajo de sus afi­liados y era partidario de producir un nuevo cine revolucionario. El SUEP se trans­formó en el Sindicato de la Industria del Espectáculo (SIE). A partir de este ins­tante, las producciones de la CNT-FAI aparecieron bajo la firma SIE Films. La CNT-FAI fue, hasta finales de 1936, la productora cine­matográfica hegemónica en el bando republicano ya que produjo diversos cor­tometrajes de propaganda.

Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona (Mateo Santos) fue el primer documental rodado durante la Guerra Civil, pues fue fil­mado entre el 19 y el 22 de julio de 1936 en la capital de Cataluña. Esta pelí­cula nos muestra a las fuerzas anarcosin­dicalistas luchando contra la sublevación militar en Barcelona, así como el nuevo orden social que implantaron las fuerzas anarcosindicalistas, el locutor comentaba que el éxito se debió al pueblo.

La producción cinematográfica de los anarquistas fue muy importante tanto por su número como por la originalidad de varias de sus películas.

 Entre 1936 y 1938, la CNT-FAI produjo alrededor de treinta números del noti­ciario España grá­fica, con una media de 8 a 10 minutos de duración. Las milicias catalanas actuaron principalmente en los frentes de Aragón y Madrid. En las series Los aguiluchos de la FAI por tierras de Aragón y Madrid tumba del fascio (1936-1937) se presentan sus actuaciones tanto en la retaguardia como en el frente de batalla. La guerra es vista como una lucha decisiva, sin cuartel ni tregua, donde se ventila un rumbo nuevo de progreso y de justicia social revolucionaria.



SIE Films produjo diversas películas de ficción: Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1937) y Barrios bajos (Pedro Puche, 1937) fueron sus dos largometrajes más ambiciosos por ser obras representativas del cine social producido por los anarcosindicalistas. ¡No quiero … No quiero! (1938) fue una película que se­gún palabras del propio direc­tor, Francisco Elías, fue obstaculi­zada por los comunistas para la edición de la co­pia estándar y su posterior exhibición.



En Madrid, existía el Sindicato Único de la Industria Cinematográfica y Espectáculos Públicos (SUICEP), de orientación confederal, que produjo di­versos documentales: la serie Estampas guerreras (Armand Guerra, 1936), Hijos del pueblo (Domingo Martín, 1937), ¡Así venceremos! y Evacuación (ambos realizados por Fernando Roldán en 1937), Castilla libertaria y Frente libertario (ambos dirigidos por Méndez Cuesta en 1937)…



La Federación Regional de la Industria Cinematográfica y Espectáculos Públicos (FRIEP), organi­zación ma­drileña de orientación anarquista produjo algunos documentales, entre ellos: Olivos y aceite y Ganadería (ambos realizados por Antonio Polo en 1937) o Nuestro culpable (Fernando Mignoni, 1937) que es un largometraje de ficción. La mayoría de estas películas tenían como tema central la consigna "trabaja y lucha por la revolución". 


Otra pro­ductora anarquista madrileña fue Spartacus Films, la cual llegó a edi­tar el noticia­rio Momentos de España, del que se montaron pocos números. Como se puede comprobar, la industria cinematográfica anarcosindicalista en Madrid tuvo una producción menor respecto a la de Barcelona, debido a que el grado de afi­liación sindical no era comparable al de la capital catalana y a diversas dificulta­des. Ello motivó que algunas películas no fueran terminadas: Hambrientos del mundo (Domingo Martín, 1937), Tierra Jarama (1937), Castilla se liberta (Adolfo Aznar, 1937) o ¡Caín! (Santiago Ontañón, 1938); todas eran documentales menos ¡Caín! que era un largometraje de ficción.


La producción gubernamental

En Cataluña, el 12 de septiembre de 1936 se creó el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Cataluña. De este organismo dependía el Departament de Cinema, el cual sería bautizado con el nombre de Laya Films. La actuación más valiosa del Departament de Cinema del Comissariat de Propaganda fue la crea­ción de un noticiario. Tres fueron las etapas por las cuales pasó este noti­ciario:
-Producidos por Laya Films entre diciembre de 1936/enero de 1937 y marzo de 1937. Su título fue Noticiario Laya Films o Noticiari Laya Films, depen­diendo si la copia era castellana o catalana.
-Producidos conjuntamente por Laya Films y Films Popular –produc­tora afín al PCE y de la cual se hablará más adelante– entre marzo y mayo/junio de 1937. Si la versión era en catalán o castellano, el noticiario re­cibía la denomina­ción Espanya al dia o España al día, respectivamente.
-Producción, de forma independiente, de Laya Films entre mayo/junio de 1937 y enero de 1939. El noticiario se llamó Espanya al dia.
La producción de las organizaciones marxistas


Son aquellas películas producidas por orga­nizaciones marxistas afines o adheridas a la III Internacional: el Partido Comunista espa­ñol (PCE), el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), la Unión General de Trabajadores (UGT), la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, el Socorro Rojo Internacional, el 13 Regimiento de Milicias Populares "Pasionaria" y la 46 División "El Campesino".

El máximo organismo responsable de la producción cinematográfica del PCE y del PSUC fue Film Popular. Film Popular nació como empresa distri­buidora; primero de las películas importadas de la Unión Soviética y, poste­riormente, de sus propias producciones y de otras organizaciones.
 Antes de la creación de Film Popular como productora, el PCE ya había producido algu­nos docu­mentales como por ejemplo ¡Traición! Fanjul, Mola, Franco, Queipo (1937) o Mando único (Antonio del Amo, 1937), este último sobre la unificación del mando militar.

Anterior a la firma Film Popular fue la creación, en el verano de 1936, de la Cooperativa Obrera Cinematográfica afín al PCE y al Sindicato General de la Cinematografía o Sindicatos de la Industria Cinematográfica de la UGT. 

La labor más importante de Film Popular fue la edición del noticiario España al día, creado –como se ha apuntado antes– junto con Laya Films, y que fue coeditado por los comunistas en versión castellana difundida fuera de Cataluña.

Se pro­dujo diversos documentales de temática variada: Celestino García Moreno (1937) que narra cómo este hombre se enfrentó, él solo y con éxito, a trece tanques enemigos,  La cerámica de Manises y Tesoro Artístico Nacional (realizadas por Ángel Villatoro en 1937), La mujer y la guerra (Mauricio A. Sollin, 1938) sobre el trabajo femenino no en el frente de batalla sino supliendo a los hombres en sus puestos de trabajo en la retaguardia.



 Es lógico que el PCE viera a la Unión Soviética como un modelo a imitar. Por ello, en algunos documentales se rinde tributo a este país. Una prueba, por ejemplo, fue el documental Homenaje de Cataluña a la URSS (1937), sobre los actos que se celebraron al cumplirse el vigésimo aniversario de la revolución bolchevique.

La UGT no dedicó una especial atención al cine documental a pesar de con­tar con un sindicato en el ramo de la industria cinematográfica. Si no fuera por algún caso aislado, como el filme Banquete de la UGT a los comba­tientes interna­cionales (1938), se podría decir que la producción cinemato­gráfica de este orga­nismo fue nula y que prefirió velar por los intereses de sus afilia­dos.

La producción privada


La marginación de la empresa privada en la cinematografía de la España re­publicana fue casi absoluta durante la guerra. Sólo algunas pequeñas empre­sas desarrollaron alguna actividad cinematográfica: Cifesa, Consejo Obrero o Ediciones Antifascistas Films.


La Cifesa "republicana" produjo una serie de documentales, como Cuando el soldado es campesino (1937) –sobre la intervención de los milicianos en las faenas del campo en Valencia– y un noticiario, Noticiario Cifesa, editándose el primer número en 1937.

Zona nacional 

Cuando estalló la guerra el bando na­cional sólo disponía de los equipos cinematográficos que se habían despla­zado a rodar un par de películas en Andalucía: Asilo naval (Tomás Cola) en Cádiz y El genio alegre (Fernando Delgado) en Córdoba, producidas por CEA (Cinematografía Española Americana) y Cifesa, respectivamente.

En un primer momento, la descoordinación política del bando nacional du­rante los primeros meses de la guerra provocó que la producción cinemato­gráfica quedara paralizada. Además, al menos al principio del conflicto, la zona sublevada contra la República movilizó la capacidad de otros medios de comuni­cación, como la radio y la prensa, para difundir su ideario, en detri­mento del cine.
A diferencia de la zona republicana, en el bando nacional fueron muchas las películas que estuvieron producidas por la iniciativa de índole privada: Cifesa, CEA, Cinesia, Films Patria, Ufilms o Producciones Hispánicas.


Las empresas privadas


El equipo de Cifesa, que estaba rodando El genio alegre en Córdoba, se inte­gró en el Gabinete Civil y Diplomático del Ejército del Sur, pues la sucursal sevi­llana de Cifesa –convertida en sede central de la empresa en la España na­cional– decidió trasladar los equipos de Córdoba a Sevilla. 

El primer documental realizado por el bando nacional fuera Entierro del general Sanjurjo (José Nunes das Neves, 1936), producido por Cifesa. También realizó una serie, Reconstruyendo España, entre 1937 y 1938 en el que se explicaba la labor de reedificación desarrollada por el Ejército nacio­nal tras conquistar un pueblo o ciudad.

El equipo de CEA, que estaba rodando Asilo naval en San Fernando (Cádiz), se puso a las órdenes de la Comandancia de la Marina de Cádiz.



Posteriormente, todo el equipo se trasladó a San Sebastián, por decisión de su presidente, el banquero Rafael Salgado, donde instaló unos improvisados labo­ratorios que fueron utilizados por la productora carlista Cine Requeté. Documentales para los carlistas: Con las Brigadas nava­rras (1936) y La toma de Bilbao (1937).

Bajo la iniciativa del coronel Juan Beigbéder Atienza, alto comisario de España en Marruecos, CEA produjo Romancero marroquí (Carlos Velo y Enrique Domínguez Rodiño, 1939).En esta pelicula se explica la forma de vida de los marroquíes y cómo éstos participaban militarmente junto al Ejército nacional.



El Estado Mayor Centra y Falange Española

El Ejército sublevado poseía algunas cámaras y equipos cinematográficos re­ducidos. Por ello, no ha de extrañar que el Estado Mayor Central del Ejército nacional produjera sus propios documentales, como es el caso de La reconquista de Málaga (1937) y Belchite (Andrés Pérez Cubero, 1938).

Como el Ejército no dis­ponía de operadores profesionales, cuando había que realizar una película recu­rría a la experiencia de ellos. 

A diferencia de la zona republicana, en la España nacional los partidos polí­ticos no reali­zaron ninguna actividad propia en el campo de la cinematografía. Falange Española y de las JONS fue la excepción.
Falange, a través de su Servicio de Prensa y Propaganda, creó una sección cinematográfica que produjo diversos documenta­les. Frente de Vizcaya y 18 de julio (1937) fue una de las primeras películas que produjo este organismo y explica la campaña final en el Norte y los actos conmemorativos del 18 de julio de 1937 en Salamanca.

Otras película de la sección de cinematografía de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS fueron: Alma y nervio de España (1936), La guerra por la paz (1937) y Voluntad: Falange en Argentina (1938) todas ellas dirigidas por Joaquín Martínez Arboleya.

El Departamento Nacional de Cinematografía

El 30 de enero de 1938, el general Franco disolvió la Junta Técnica y consti­tuyó el primer gobierno creando once ministerios. El 1 de abril de ese mismo año se fundó el Departamento Nacional de Cinematografía, dependiente de la Dirección General de Propaganda del Ministerio del Interior. Manuel Augusto García Viñolas es­tuvo al frente de dicho departamento. A partir de este instante, la producción fílmica de la zona nacional se basó en un mayor control. En una or­den ministerial del 2 de noviembre de 1938 se establecíeron unas normas para la censura. En ella se espe­cificaba que "siendo innegable la gran influencia que el cinematógrafo tiene en la difusión del pensa­miento y en la educación de las masas, es indispensable que el Estado lo vigile, en todos los órdenes en que haya riesgo de que se desvíe de su misión".

Por lo tanto, las funciones del Departamento Nacional de Cinematografía fueron dos: 
-Producción de documentales y noticiarios. 
-Control y regu­lación de la producción nacional y de la extranjera que se importase a la España nacio­nal.

La prioridad del Departamento fue la de poner en funcionamiento los servicios de producción, realización y difusión de aspectos relacionados con la guerra. En ju­nio de 1938 se produjo el primer número del Noticiario es­pañol, impulsado por García Viñolas. Este noticiario incluía diversas noticias en cada edición, predominando los temas milita­res. En cierta manera, Noticiario espa­ñol se puede considerar un antece­dente del NO-DO. Durante la Guerra Civil es­pañola se realizaron diecinueve números con una duración aproximada de diez minutos.


Además del Noticiario español, el Departamento Nacional de Cinematografía produjo diversos documentales sobre diferentes aspectos del último año de guerra. La batalla del Ebro (Antonio de Obregón, 1938) fue un filme sobre la contraofensiva nacional en este combate que culminó en noviembre. Tras esta batalla, el Ejército republicano estaba sin armas y desmoralizado. Aprovechando estas circunstancias, los nacionales lanzaron un ataque sobre Cataluña a finales de diciembre, que acabó siendo ocupada en febrero. La liberación de Barcelona y La gran parada militar de Barcelona (ambas de 1939) ponen en imágenes, respectivamente, la entrada del Ejército nacional en la Ciudad Condal, el 26 de enero, y los actos conmemorativos que se celebraron en dicha capital, días después, con la asistencia de Franco. El documental ¡Vivan los hombres libres! (Edgar Neville, 1939) muestra las torturas que se practicaban en una checa barcelonesa. Con el enemigo deshecho, el Ejército nacional entró sin dificultades en Madrid el 28 de marzo. Cuatro días más tarde finalizó la guerra civil. Para celebralo se produjeron La liberación de Madrid y El gran desfile de la victoria en Madrid (las dos de 1939).


Conclusión


Las películas filmadas en España entre 1936 y 1939 transmiten testimonios de primer orden de la vida cotidiana, tanto en la retaguardia como en los frentes de batalla. El bando republicano se mostró más innovador y consciente del papel propagandístico del cine. Las diversas productoras cinematográficas españolas existentes durante el conflicto bélico nos recuerdan que el cine tuvo un lugar importante como medio de comunicación. Casi todos los principales organismos públicos, partidos y sindicatos dedicaron una atención especial al cine. Pero no siempre los testimonios se debieron a operadores españoles, porque la expectación despertada en la opinión pública mundial por nuestra Guerra Civil atrajo a nuestro país a muchos cineastas extranjeros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario